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  • by Pep

BALI, LA ISLA DE LOS DIOSES Y SU RELIGIÓN


Bali tiene una mística que despierta la imaginación. Tal vez sean las ofrendas florales y las esculturas de dioses y demonios desparramadas por la isla. Tal vez sea la tradición religiosa que se respira y se festeja en cada pueblo y aldea. Tal vez sean los miles de templos y los cientos de rituales diarios. Lo cierto es que esta colorida isla hinduista-budista, enclavada en medio del país con mayor cantidad de población musulmana del mundo, genera curiosidad, expectativas, deseos... y fama.

Tanta, que existe una falsa concepción de que Bali es un país y no apenas una de las 17 mil islas que conforman el archipiélago más grande del mundo. Es que Bali es tan diferente del resto de Indonesia que bien podría ser un universo aparte.

Recorrer el perímetro de la isla en auto puede llevar menos de un día, pero sumergirse en la profundidad y complejidad de la cultura, la religión y el arte balinés lleva mucho tiempo más. Bali da a conocer algunas de sus caras a los visitantes: playas de arena blanca y corales, plantaciones de arroz verdes y silenciosas, templos en medio de lagos o sobre rocas, volcanes dormidos, celebraciones con música y

danzas, estatuas de dioses y demonios... Pero mantiene oculto su corazón tras una máscara que solamente los balineses pueden atravesar.

Si bien la isla tiene una historia de varios siglos, Bali nació como destino turístico internacional en la década del ‘70. El año pasado, 2,5 millones de turistas extranjeros y 3,7 millones de locales visitaron esta isla de menos de 4 millones de habitantes. La cultura balinesa, sin embargo, logra mantenerse intacta frente a los cambios, las influencias y el paso del tiempo. Y su crecimiento turístico la ayuda a fortalecerse y mostrarse ante el mundo como una de las civilizaciones más exóticas e intrigantes del Sudeste Asiático.

En Indonesia existen cinco religiones oficiales que pueden ser practicadas con libertad: el islamismo (85 por ciento de la población), el cristianismo, el budismo, el hinduismo y el confucionismo. Si bien el 95 por ciento de los habitantes de Bali practica el hinduismo y centra sus actividades cotidianas en torno a esta religión, los preceptos y creencias de la isla difieren mucho de los que se observan en la India. Así, el hinduismo balinés es una amalgama de las distintas religiones que hubo en Bali y en la isla vecina de Java a lo largo de la historia. Y si bien está fuertemente basada en aquél, los balineses amalgamaron esa cosmovisión con sus creencias animistas previas, de modo que crearon su propia religión, diferente de cualquier otra en el mundo.

El contacto de Indonesia con la India comenzó en el siglo I, cuando los comerciantes de ese origen visitaron la región e introdujeron el hinduismo al archipiélago. La isla de Java combinó sus creencias indígenas con esta nueva religión, pero Bali se mantuvo firmemente budista hasta el siglo IX. Entre 1019 y 1042, durante el reinado de Airlangga, la isla de Java extendió su influencia a la isla de Bali y el hinduismo pasó a ser la religión dominante. Pero fue en el siglo XIII, tras la conquista de Bali por el imperio Majapahit –el último reino hinduista de Java–, cuando la pequeña isla adoptó definitivamente esa religión como base de su sistema de creencias.

El hinduismo de Bali es conocido formalmente como agama hindu dharma: es una unión de hinduismo, budismo, el antiguo sistema de creencias indígenas animistas y la mitología de la isla, en la que son más importantes los rituales y el arte que las escrituras y las leyes. Los balineses creen en un único dios, Sanghyang Widi Wasa, y conciben a Shiva, Brahma y Vishnu como manifestaciones suyas. Las divinidades jamás se muestran, sino que se insinúan a través de templos o santuarios vacíos y de telas con un patrón similar al de un tablero de ajedrez. Pero en la vida diaria de los balineses, los espíritus, demonios y entidades benéficas o maléficas tienen mucha mayor relevancia que los dioses.

La ofrenda más habitual consiste en un puñado de arroz cocinado, flores, galletitas, sal e inciensos (algunos, incluso agregan café y cigarrillos), rendida tres veces al día, antes de cada comida. Los elementos se colocan delicadamente en contenedores fabricados con hojas de palma –algunos con forma de flor y otros del tamaño de una caja de cds– que luego son depositados en el piso, a pocos centímetros de distancia, frente a las viviendas, templos y negocios. Hay quienes esparcen un camino de pétalos de frangipani, la flor típica de Bali, por la calle que lleva hasta la puerta principal de sus viviendas. Y otros que decoran con flores las estatuas de los dioses que, desde el jardín o frente a la puerta de entrada,

resguardan sus hogares, para pedirles protección y apaciguar a los demonios.

Los colores de Bali no pasan desapercibidos. Mucho menos cuando inundan las veredas, puertas, esquinas y templos de la isla a toda hora y en forma de pequeñas ofrendas. Cada mañana, los balineses se levantan con la salida del sol y se dedican a baldear y barrer las calles aledañas a sus hogares y tiendas. Juntan los restos rotos y desparramados de las ofrendas del día anterior y limpian escaleras, veredas, estatuas y templos para realizar las nuevas ofrendas de la mañana. Las hay simples o elaboradas. Pero todas son coloridas, aromáticas y naturales. Las ofrendas se realizan para pedir protección a los espíritus y alejar a los demonios.

Las ofrendas diarias son más que meras decoraciones o elementos pintorescos: forman parte inseparable de la rutina de los hombres y mujeres de la isla. Ellas, especialmente, pasan gran parte del día fabricando las cajitas, una a una, y preparando las ofrendas para la tarde o el día siguiente. Al final del día, la mayoría son destruidas por el paso de los autos, los peatones, las motos, los chicos... Pero aquí todo se entiende como parte de un ciclo: a la mañana siguiente, lo viejo se tira a la basura, las calles se limpian y las nuevas ofrendas vuelven a inundar la isla con sus aromas y colores.

Conocida como Isla de los Dioses, Bali es, además, la isla de los artistas. Y esto tiene una explicación histórica. En el siglo XV, cuando el imperio hinduista Majapahit de Java –considerado uno de los más grandes y poderosos de la historia del Sudeste Asiático–, fue derrotado y conquistado por el primer sultanato islámico de la región, los artistas (intelectuales, literatos y músicos) se exiliaron en Bali. Y ahí se quedaron. En el pasado, sin embargo, los balineses no tenían la palabra arte o artista en su vocabulario, ya que las creaciones artísticas eran parte de la vida cotidiana. Todo lo que se producía era para los templos, palacios y festivales; los pintores o escultores no firmaban sus obras ni tampoco formaban parte de una élite especial. Si bien hoy, tras el boom turístico, la situación es distinta, los balineses aún consideran las esculturas, las pinturas y los tejidos como elementos de uso cotidiano más que como objetos de arte en sí mismos. Incluso las actividades más simples, como la preparación de las ofrendas, son llevadas a cabo con cuidado, precisión y espíritu artístico.

Una de las manifestaciones artísticas más importantes y sagradas de la isla es el wayang kulit: el teatro de títeres con sombras. Esta práctica fue designada Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la Unesco. Y en Bali es mucho más que un entretenimiento: es una manera de transmitir, dramáticamente, la mitología, la filosofía, la cultura, la moral y la historia que une a los habitantes de la isla. Los títeres se fabrican con cuero de búfalo y se montan sobre cañas de bambú. El gender wayang o titiritero es el encargado de sostener las figuras detrás de una tela blanca y dar vida a las sombras que se proyectan sobre la pantalla. Él, además, es quien cuenta las historias, toca la música, lleva a cabo los rituales sagrados y mantiene la total atención de su audiencia durante la noche. Cada detalle de la obra tiene simbolismos místicos y significados esotéricos. Y aunque haya lugar para los últimos chismes de la aldea y algo de improvisación, el wayang kulit es un arte sagrado que entretiene y educa.


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SELAMAT DATANG

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